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16 de mayo de 2021

El factor humano, la clave de la calificación crediticia

La calificación crediticia se define como una evaluación de la capacidad de una organización para cumplir sus obligaciones de pago, realizada por los analistas expertos de una agencia de calificación, utilizando una metodología probada.  El factor humano es clave, por tanto, en la emisión de una calificación crediticia, al contrario de lo que ocurre con los scorings de solvencia que realizan automáticamente las empresas de información y que a veces son denominadas “ratings” a efectos comerciales.

Los analistas de las agencias de calificación estudian los factores cualitativos y cuantitativos que intervienen en la calidad crediticia de una empresa hasta llegar a un conocimiento profundo de su historia y de su proyección. Una vez realizado y supervisado su análisis, emiten su opinión en una escala alfabética reconocida por todos los actores del mercado financiero. Posteriormente, monitorizan la situación de las empresas para poder modificar su calificación en caso necesario en caso necesario.

Los scoring de solvencia, por su parte, son puntuaciones numéricas automáticas, basadas en algoritmos complejos que seleccionan, recogen y clasifican la información de los burós de crédito y otras fuentes de información públicas y privadas. Ofrecen una foto fija de la capacidad de pago de una empresa en un momento concreto y, aunque son válidas para sopesar el riesgo de una operación determinada, no son consistentes en el tiempo.

En Europa, sólo las agencias de calificación crediticia registradas y supervisadas por la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA, por sus siglas en inglés) pueden emitir ratings.